La educación virtual puede mejorar al enfocarse a la audiencia, brindar soporte técnico, movilidad, realidades virtual y aumentada y acceso de banda ancha.

A finales del 2018 cinco reos concluyeron sus estudios de licenciatura gracias a la modalidad a distancia de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Lograr esto hubiera sido inimaginable hace algunos años. Hoy en día, la educación virtual—o a distancia o remota como también se le conoce— es una realidad cotidiana que transforma vidas.

Hasta hace relativamente poco sólo un puñado de instituciones ofrecían opciones de educación superior remota. Hoy, la mayoría de las más de 700 universidades públicas del país cuentan con módulos de educación a distancia e incluso algunas de ellas tienen universidades virtuales; las instituciones privadas de educación superior no se han quedado atrás.

¿Cómo puede la tecnología generar aún mayor impacto?

En Estados Unidos ha descendido el número de estudiantes en las universidades tradicionales. De acuerdo con el Informe de Inscripción en Educación a Distancia 2017 del Digital Learning Compass, el número de estudiantes inscritos a programas universitarios presenciales se ha reducido mientras que la educación virtual ha crecido. De 2012 a 2015, 662,076 estudiantes menos se inscribieron en programas tradicionales, lo que equivale a un decremento del 3.2%. En ese mismo periodo, el número de estudiantes que aprovecharon alguna opción de educación a distancia, ya sea un curso o un programa completo, se incrementó: 25.9% en 2012; 27.1% en 2013; y 28.3% en 2014.

Ahora bien, si uno compara la lista de las mejores universidades del mundo con el ranking de las mejores universidades en línea encuentra pocas coincidencias. Es claro que el ofrecer este tipo de programas y cursos es una ventaja competitiva para las instituciones y les permite “colocarse en el mapa”. Hay universidades, tales como la de Arizona o la Universidad Walden, que se han hecho famosas por su innovación en temas educativos a distancia.

Educación virtual, enfocada a la audiencia

La plataforma de aprendizaje debe tomar en cuenta que tendrá usuarios muy variados. Por supuesto, los principales serán los estudiantes, la mayoría de los cuales son nativos digitales. Sin embargo, también será utilizada por los profesores y estos suelen ser “migrantes digitales”. Las plataformas e interfaces deben ser extremadamente amigables.

Soporte técnico oportuno

Los estudiantes y los profesores deben confiar en que tendrán acceso a soporte técnico adecuado y en un horario amplio. Es vital utilizar diversos canales, que pueden ir desde correo electrónico y redes sociales, hasta chat en línea. Aquí se pueden maximizar tecnologías como los chatbots, para permitir la resolución de los problemas más simples y mitigan la necesidad de contar con grandes equipos de soporte.

Educación virtual, con gran movilidad

Al igual que en otras áreas de nuestras vidas, en la educación a distancia debe considerarse que el dispositivo principal de los usuarios será móvil, ya sea un teléfono celular o una tabletas. Por lo tanto, los contenidos deberán desarrollarse y programarse con ello en mente.

Realidades virtual y aumentada

Las plataformas deben prepararse para el uso de las realidades virtual y aumentada, las cuales permitirán crear entornos tridimensionales donde los estudiantes puedan aprovechar sus sentidos para maximizar su aprendizaje. Además, estas dos tecnologías compensan uno de los grandes desafíos de la educación virtual: el aislamiento de los estudiantes.

Acceso de banda ancha

Se debe tener presente el ancho de banda disponible que el contenido podrá consumir. Por ejemplo, los videos deberán ser comprimidos o divididos en capítulos, algo indispensable para asegurar el buen aprovechamiento y la mayor penetración posible de la educación virtual.