La fog computing es el siguiente paso para las universidades, ya que acelera y optimiza el desempeño de muchos dispositivos conectados a la Internet de la Cosas (IoT por sus siglas en inglés). Con el crecimiento de la IoT se han hecho cada vez más comunes dos términos: edge computing (computación periférica o en el borde) y fog computing (computación en la niebla, concepto acuñado por Cisco). Ambos se consideran como una extensión de la nube y se refieren a la arquitectura de la red diseñada para reducir la cantidad de datos transmitidos, disminuir la latencia de la red e Internet y mejorar el tiempo de respuesta del sistema en aplicaciones remotas. Con frecuencia, ambos se utilizan de manera intercambiable, aunque de hecho se consideran capas sucesivas de la arquitectura (nube-niebla-borde) y hay diferencias entre ellos.

En la computación de borde los nodos están físicamente cercanos a los dispositivos que originan los datos (como sensores o robots) o inclusive forman parte de ellos. Su principal ventaja es que cada nodo opera independientemente y determina qué información almacena en medios locales y cuál envía a la nube para un análisis más profundo, lo que disminuye el volumen de datos transmitidos.

En la computación en niebla el procesamiento de datos se realiza a nivel de la red de área local (LAN), en un nodo de la red o un gateway dedicado al IoT. Se puede pensar en ella como una especie de nube distribuida, lo que evita la necesidad de enviar todo el tráfico de datos a la nube central, a la que no reemplaza sino complementa. Su principal ventaja es la escalabilidad y posibilidad de supervisar de una manera más amplia lo que ocurre en toda la red sin necesidad de centralizar los datos.

Fog computing en universidades: usos concretos

Las aplicaciones de la computación en la niebla en los campus son aún incipientes, pero ya se perfila que puede resultar útil para mejorar el desempeño de aplicaciones de inteligencia artificial, realidad aumentada y aun para la integración futura de las venideras redes 5G. También puede facilitar la instalación de dispositivos inteligentes en los edificios para, por ejemplo, controlar el acceso y la asignación de espacios en a los estacionamientos.

Sin embargo, de acuerdo con el consorcio OpenFog, el campo principal en el que las universidades podrían aprovechar mejor las posibilidades de la fog computing es en la seguridad de sus ecosistemas IoT —un mercado que se estima crecerá en las instituciones de educación superior en al menos 26% hacia 2021—, con énfasis en cinco puntos:

  • La computación en niebla funciona como una capa de seguridad de la nube entre los dispositivos IoT y los servidores centrales.
  • Los nodos de la fog computing pueden monitorear los dispositivos más sencillos que carecen de características de seguridad propias.
  • La arquitectura de la computación en niebla permite actualizar simultáneamente el software de un gran número de dispositivos.
  • La red con fog computing puede supervisar el estado de la seguridad de los sistemas distribuidos en el campus.
  • Los nodos en la niebla envían al equipo de TI reportes en tiempo real de incidentes con dispositivos IoT conectados a la red, lo que les posibilita responder antes fallas en la seguridad sin tener que apagar otras partes esenciales de la red.